Metáforas, cuentos y terapia

En el fondo, toda la actividad terapéutica consiste en esta especie de ejercicio imaginativo que recupera la tradición oral de contar historias; la terapia dota de historia a la vida
James Hillman

Irse de viajeMilton Erickson, creador de la hipnosis ericksoniana, revolucionó el mundo de la psiquatría con su singular abordaje terapéutico a través del trabajo con el inconsciente de sus pacientes. Entre sus múltiples anécdotas, cuando le preguntaban a Erickson cuál era el secreto del éxito con sus pacientes, él solía contestar: “Los pacientes vienen aquí y escuchan mis cuentos, luego se van a sus casas y modifican sus comportamientos”.

Erickson era un experto en el uso de la metáfora para lograr cambios, dado que para acceder a los recursos de nuestro inconsciente necesitamos un lenguaje simbólico, que facilite abrir la conciencia y poder generar cambios profundos. Ese es el lenguaje de la metáfora y de los cuentos. Los cuentos reflejan aspectos de nosotros mismos y contienen conflictos y verdades fundamentales. Por eso, los niños aprenden sobre la vida, sobre el mundo y sobre ellos mismos a través de los cuentos.

Así, cada persona, a lo largo de su vida, va creando su propia historia, aquella que se explica para ofrecerse razones de todo lo que sucede en su vida y de su forma de actuar, sentir y pensar. El trabajo con los cuentos y las metáforas permite acceder a esa narrativa propia y personal, para conocerla y transformarla, para tomar conciencia sobre ella y poder crear cambios significativos en el presente.

Es una de mis herramientas profesionales más queridas.

 

Un pescador encontró entre sus redes una botella de cobre con el tapón de plomo. Parecía muy antigua. Al abrirla salió de repente un genio maravilloso que una vez liberado le dijo al pescador:
-Te concedo tres deseos por haberme sacado de mi encierro. ¿Cuál es tu primer deseo?
-Me gustaría que me hicieras lo bastante inteligente y claro como para hacer una elección perfecta de los otros dos deseos -dijo el pescador.
-Hecho -dijo el genio-, y ahora, ¿cuáles son tus otros dos deseos?
El pescador reflexionó un momento y dijo:
-Muchas gracias, no tengo más deseos.

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